Durante toda mi vida me recuerdo con fotos o cámaras en las manos. De primeras no me permitían usar las de la familia para que no se rompieran pero el día de mi comunión llegó a mis manos MI primera cámara propia y el carrete de 36 fotos no duró ni una hora… ¡Se había despertado la bestia! jajaja Todo el dinero que juntaba de una forma u otra acababa gastándolo en revelar fotos.
Después de ella llegaron varías cámaras a mis manos a las que exprimí todo el jugo, hasta que en 2009 conseguí hacerme con mi primera Réflex. Y fue ahí cuando empecé a adentrarme más en serio en el mundo de la fotografía, formándome y practicando muchísimo con todo y todos los que se ponía a mi alcance además de realizar proyectos personales tan enriquecedores como el 365.
No fue hasta años después en 2016 que me atreví a fotografiar mi primera boda aunque eso sí... desde que empecé no he podido parar y es que la adrenalina y la cantidad de sentimientos que se mezclan en un día así es sin duda un chute que engancha. También es verdad que la responsabilidad que se tiene en un día así es máxima, SON MOMENTOS IRREPETIBLES, y no se pueden dejar en las manos de cualquiera y es por eso que desde entonces no he dejado de formarme con profesionales del sector, así como me encanta trabajar junto a otros compañeros para ver distintas formas de mirar y fotografiar una boda. Por eso no tengo ninguna duda de que no te arrepentirás de contratarme para capturar todos esos momentos especiales que vais a vivir, porque convierto tu boda en la mía propia.




